Me equivoqué.

Si analizo un poco la manera en la que veía la vida (en realidad aún la veo así un poco), creo que estuve un tanto equivocado.

Yo siempre soné con que las personas fuesen audaces, que no les importase la opinión de los demás, que fueran arrolladoras y brutalmente determinadas en la vida. Me inspiraba la idea de una persona fuerte, y por fuerte me refiero a alguien que no se deja influenciar por nadie dado que mantiene su convicción de principio a fin.

-Femme Fatale por Patrick Demarchelier para Vogue Alemania.-

No digo que no me inspira la idea de alguien así, digo, después de todo esa es la persona que siempre aspiré ser. Sin embargo, en mi intento por ser esa persona me he topado con la constante retroalimentación de que al parecer todo el mundo me considera “muy grosero” y es entonces como tal vez esto me ha puesto en perspectiva a analizar un poco el asunto.

Sí, las personas audaces, astutas, inteligentes, que se mueven rápido por la vida son personas fascinantes, aplastantes, vibrantes; sin embargo, ahora pienso que más allá de ser acelerado, hay que ser inteligente emocionalmente. 

¿A que me refiero con esto? Bueno, tal vez hay que saber leer un poco a las personas para también saber como manejarse con cada quien. No hay debilidad en ser flexible, en comprometerse a llegar a un punto medio en alguna decisión, en ceder de vez en cuando así eso signifique estar fuera de la zona de confort. Todo esto no son síntomas de alguien débil, que se deja pisotear, sino mas bien de alguien inteligente que sabe negociar, que sabe ganarse a la gente.


No digo que a partir de ahora vaya a ser una persona nueva que ve el mundo con otros ojos y que he cambiado mi manera de ser de manera absoluta y radical, pero ahora creo que puedo poner como meta tener más tacto con las personas y no ser tan volatil al reaccionar, que al fin y al cabo estas actitudes se pueden manejar poco a poco con algo de práctica siempre y cuando se esté dispuesto, y creo estarlo.

Mcqueenlancholic.

A veces me parece tan extraño como puede haber un completo desconocido que me estremezca por completo los sentidos.  Si, vos, a quien dedico el título de este blog, veo tus fotos y te pregunto una y otra vez: ¿Como carajos lo hiciste? ¿Como lograste todo en la vida? Y en una vida tan corta, a decir verdad.

Leer sobre Alexander Mcqueen y sus excentricidades me hace sentir dentro de todo, un tanto comprendido pero sobre todo muy melancólico. Siento nostalgia de pensar que ya no está aquí, pero siento más melancolía porque me hace reflexionar sobre mi mismo, sobre mi norte, sobre mis sueños, mis metas, de donde vengo y hacia donde voy.

Leo como te pusiste de contento esa vez que pudiste comprar sillas más altas para alcanzar las mesas de patronaje con tu contrato en Givenchy y se me estremece el corazón de contentera, pero simultaneamente no puedo evitar y preguntarme a mi mismo: ¿y vos, cuando vas a comprar sillas altas para tu mesa?, ¿cuando vas a tener tu espacio taller/tienda y tu equipo de trabajo?

La historia de Mcqueen es un relato casi heróico, y yo de repente quiero escuchar de su lucha, de su contienda para alcanzar todo lo que logró. Me hace doler el corazón leer tantos relatos, tantas anécdotas que ahora viven para siempre en las páginas de libros, pero que se acabaron por un suicidio que jamás debió suceder.

Tal vez este post no tiene un fin, es solo la nostalgia que traigo arraigada de leer, de analizar, de examinar este libro de Savage Beauty que conseguí en la biblioteca. Tal vez yo no tengo una solución a mi vida profesional y lo curioso es que mi labor como diseñador es precisamente esa, solucionar. Pero Mcqueen tampoco supo lidiar con la muerte de su madre, y  la muerte siempre fue un tema recurrente en sus colecciones.

Perdí el norte.

Hay momentos en los que hay que apagar la música ensordecedora, bajar las revoluciones y escuchar la tranquilidad de una melodía en piano, literal y metafóricamente.

Hace varias semanas ya, sentí que venía cayendo en un vacío como Alicia cuando cae en la madriguera. La diferencia principal entre Alicia y yo, es que ella termina en el país de las maravillas, ¿y yo?.

Tenía un plan profesional que se derrumbó, y tenía alguien con quien estaba saliendo. Eso también se derrumbó. Tal vez fue así como mi falta de motivación -laboral, emocional, profesional- me dejó un vacío que intenté rellenar metiendo cuanto estímulo me resultara apetecible en el momento: buscar la atención de hombres en Grindr, hablar por whatsapp con hombres interesados en mi -también sacados de Grindr- (aún cuando no había un interés real de mi parte en retorno), ver pornografía un par de veces al día y quedar tan exhausto de entrenar para dormir durante toda la tarde. Ese estar inconsciente también me resultaba muy atractivo porque así no tenía que lidiar con el estar vivo, y podía dejar que el tiempo transcurriera esperando que todo en mi vida se encaminara de mejor manera (tonto de mi parte, por supuesto no iba a suceder de manera espontánea).

Inclusive tuve un encuentro sexual que quizá sí me dejó satisfecho físicamente, sin embargo mi alma estaba vacía, hueca, drenada.

¿Que sucedió entonces? Perdí el norte. De todo. Profesionalmente, emocionalmente, laboralmente, no tenía idea hacia donde ir en ningún ámbito de mi vida. Me dejó de latir el corazón.

Lo bueno de mi mismo es que siempre he tenido la capacidad de reflexionar y ser honesto para conmigo mismo y con las cosas que hago para sabotearme. Una de estas noches, ya cansado de intentar sentir pena por el desastre de vida en la que me había metido, decidí que era hora de ponerme en mejor sintonía, era hora de vibrar en una mejor frecuencia.

Tengo un par de videos que siempre me ponen mejor:

 

Después de haberme puesto en una mejor frecuencia y aclarar la mente, hice una lista de cosas por las cuales me siento agradecido. La lista terminó extendiéndose tanto que al final solo terminé recitándome todo aquello que me agradezco haber hecho, las buenas decisiones y todo aquello positivo que he hecho por mi mismo y que nunca me había reconocido. Hubieron lágrimas de por medio, muchas de ellas.

Después de ello, viene lo importante: las conclusiones. Entre tanto, concluí que yo no quiero la atención de muchos hombres, mucho menos sexo con muchos de ellos. Yo quiero la atención de uno solo. Quiero uno solo que me haga los ojos brillar, que cuando esté hablando con mis amigos de él, no pueda evitar sonreír.

Por otra parte, profesionalmente no estoy ni cerca de donde quiero llegar, pero echarme a dormir exhausto tampoco me va a llevar ahí. Hay que levantarse, frente en alto y seguir avanzando; más vale paso que dure y no trote que canse.

Ahora sé, porque lo siento, que es importante llenarse de cosas que reconforten: una taza de té, la compañía de un amigo, meditar. Hay muchos estímulos con los que podemos llenar la mente, pero no el corazón. Ahora, a elegir los indicados.

 

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Inhibir no es solucionar.

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Hoy, mientras analizaba mi vida con una amiga sobre como me he programado para mantenerme inconsciente emocionalmente, ella me hizo ver muchas cosas que tal vez yo, por mi mismo, no hubiese concluido.

Yo siempre soy esa persona que intenta mantenerse positiva, ver lo maravillosa que es la vida y recibir las personas que cruzan en mi vida con una sonrisa y un abrazo. Lo intento tanto que inclusive puedo decir que ya me sale natural. Sin embargo; últimamente he tenido un par de tropiezos en algunos aspectos de la vida, y para mi ser fuerte siempre ha sido minimizar la importancia de todo aquello que duela, que se sienta feo, inhibirlo hasta que eventualmente sea irrelevante.

“Ya pasará” me digo siempre a mi mismo.

El problema de inhibir el dolor, de inhibir la tristeza, de inhibir el vacío y buscar experiencias y sensaciones que nos alejen rápido de todo esto, es que nunca encontramos un alivio verdadero. Yo comentaba con mi amiga como todos esos tropiezos que he tenido en estos últimos días “no son importantes” y “mucha gente lo tiene mucho peor, realmente mi vida es maravillosa”. Fue ahí donde ella me hizo entrar en razón.

Minimizar todo aquello que me duela, hacerlo parecer insignificante a la par de otras situaciones peores que muchas personas tienen que pasar, no quita el hecho que sean situaciones hirientes para mi. Realmente no importa la escala, si nos duele haber perdido algo, haber caído, haber tropezado, por más pequeño que sea nunca es irrelevante. Por ejemplo, si me frustra haber recuperado un par de kilos después de haberme esforzado por perder peso, no significa que deba pasarlo por alto porque lo tienen peor las madres que pierden un hijo. Si, claro que en perspectiva es un caso mucho peor, pero eso no conlleva que uno deba restarle relevancia a lo que sea que se sienta en el corazón.

Creo que estuve equivocado. Considero que sí, tal vez algunas veces sí haya que tomarse un tiempo para sentirse mal, con una taza de té debajo de una cobija para reconfortarse; y porqué no, inclusive secarse algunas lágrimas. Al fin y al cabo las lágrimas, así como las sonrisas, nos recuerdan que estamos vivos.

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Sobre buscar el amor.

Amor… ¡Cuanto temor nos produce esa palabra!

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Sin embargo; a lo largo de tanto tiempo y conforme uno se va conociendo a sí mismo, va encontrando su voz y se van yendo los miedos a decir lo que se piensa, lo que se siente. Si, yo sí busco amor, y tal vez lo busco tanto que por eso no lo encuentro.

Yo ya no tengo miedo de decir que busco enamorarme perdidamente, de esos amores que la gente termina por el piso cuando se acaban, pero de esos también que la gente vuelve a ver y solo podría soñar con encontrar un “match” así de idóneo.

Otra de las cosas que uno va analizando cada vez conforme se va haciendo mayor son todas aquellas cosas que uno espera de un amor; porque hay amores de amores, pero siempre hay un ideal sobre aquel amor real que estamos buscando.

Yo, por ejemplo, si busco una relación quiero que el interés sea mutuo. Yo ya no estoy decidido a perseguir a alguien a ver si le parezco que valgo la pena. No. Yo quiero demostrar interés, y que me lo demuestren de vuelta. Si pongo atención a tus problemas, te escucho y te pregunto luego por como salió todo, estoy esperando lo mismo en retorno; y no es que quiero que todo se trate de mí y esté pendiente de mi vida completa, pero es solo que si yo estoy decidido a dejar de pensar en mi y solo en mi para darte un espacio, espero también tengas ese espacio para mi.

También me mata la idea de un amor espontáneo; que de repente esté sonando el pito del carro y esté afuera de mi casa; tal vez no para llevarme a cenar, pero para decirme que me extrañaba y que quería darme un beso. Soy un bobo pensando en esa clase de cosas tontas, pero me mueven el corazón.

Yo creo que puedo resumir el amor que busco en unas cuantas frases: Que sea mutuo, que sea honesto, que sea ridículo y cursi, que se despoje de los estándares que nos han impuesto para que sea un amor libre, lleno de confianza y sobre todo auténtico.

 

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Si sentí.

A lo largo de mi vida, yo he querido muchísimas cosas. Recuerdo una vez como en primer o segundo grado de la escuela, teníamos una competencia de carritos a control remoto y yo me moría por un carrito a control remoto sin cable, porque el mío tenía un cable que conectaba el carrito al control (¡No sé quien pensó en tan mala idea!). Recuerdo que mi mamá me compró un pick-up a control remoto, ¡Finalmente sin cable! y el día de la competencia en la escuela no gané, pero tenía mi carrito sin cable y era el más feliz.

Ya para el colegio, recuerdo que dentro de nuestros estudios artísticos teníamos que elegir 2 ramas, hacer pruebas en ambas ramas para aprobar alguna de las 2 y especializarnos los 2 últimos años en ella. Yo no era precisamente talentoso para la escultura (y así me lo hicieron saber los jurados), sin embargo; dado mi dedicación y esfuerzo, me permitieron tomar escultura como mi especialidad de graduación, ¡Otra contentera!.

Ya para la universidad, no sabía que quería estudiar pero sabía que quería ir a la UCR. Mi examen de admisión resultó significativamente alto y podía elegir la carrera que quisiera, ¡Cuanta fortuna!

A_G8A9171sí también una vez me propuse ser diseñador de modas, y heme aquí ahora, diseñador graduado. No fue fácil, no fue rápido ni tampoco fue el camino sencillo, pero fue el correcto. A lo largo de este camino he ido conociendo tantas personas que ven algo en mi que ni siquiera yo puedo reconocer en mi mismo; tantas personas que han señalado el talento con el que he logrado desarrollar mi línea de moda y cada una de mis prendas. Hay inclusive personas que me han escrito de manera anónima expresando su admiración, clientes satisfechos que escriben algún comentario denotando lo especiales que se sintieron al vestir mis prendas o menciones online resaltando puntos fuertes sobre aquello que he creado. Eso me ha llenado de una manera más allá de lo que yo pueda explicar.

 

Es tal vez por todas esas hazañas de alcanzar aquellas metas propuestas y todo el apoyo de las personas a mi alrededor, que no soy el mejor para lidiar con el rechazo, el no poder hacer algo, el verme imposibilitado de llevar a cabo otra meta aún más grande que la anterior.

Hoy vi una puerta cerrarse, y me dolió. Me dolió ver que a veces no importa el talento, no importa el esfuerzo, no importa tener un trabajo de calidad que antecede, a veces hay situaciones fuera de nuestras manos que no podemos manejar, ¿y como no sentirse desesperanzado ante tales situaciones?.

Si me sentí. Si me sentí apaleado. Y después de estar tirado en la cama reflexionando al respecto antes de levantarme por el desayuno, me comprometí a una cosa: Iba a sentirme mal solo hasta el medio día, no más. Y conforme fueron pasando las horas, fui recordando quién soy yo, de qué estoy hecho, las hazañas que he logrado y todo el camino que he recorrido. Recordé esos mensajes anónimos de admiración y todos aquellos gestos de motivación de tantas personas a mi alrededor que me aprecian y me quieren.

Sí, si duele. Pero solo duele en la medida que dejemos que nos afecte. Cuando las cosas salen mal, la vida sigue caminando y no se detiene a lamentarse con nosotros, así que tampoco nosotros podemos detenernos a lamentarnos.

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El tiempo de los sueños.

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Todos hemos escuchado que los sueños no tiene fecha de vencimiento, pero que pasa con esos sueños con los cuales vemos pasar y pasar el tiempo, y parecen no aproximarse ni un poco, ¿Debemos seguir perseverando ciegamente?, ¿debemos continuar la persecución sin importar las circunstancias?

Yo creo fielmente que conforme el tiempo pasa todo va cambiando, y con ello los sueños; pero entonces esto no es abandonar un sueño, sino verlo transformarse en algo nuevo,  ó dejarlos ir por perseguir otros más grandes; pero ¿y que si ese sueño es ya tan grande que no varía con el pasar del tiempo? , ¿Hasta cuando es perseverancia y cuando terquedad?

Yo personalmente me considero una persona perseverante, con convicción sobre lo que me apasiona y bastante determinado a darlo todo por aquellas metas en las que creo desde el fondo de mi ser, pero he llegado a un punto donde ya no sé si estoy persiguiendo este ambicioso sueño de ser diseñador de modas por majadería o porque de verdad quiero sentir que persevero.

Si tuviese que describir todas las muestras de apoyo que he recibido, no terminaría nunca. Motivación nunca me ha faltado, y tengo la fortuna de siempre estar rodeado de personas que quieren impulsarme al infinito, gente que apoya mi talento y me recuerda a cada oportunidad la destreza que tengo en lo que hago. Por mi, y por todas esas personas que de una u otra manera han creído en mí y en mi trabajo es que no quiero desfallecer. Quiero demostrar que es posible, que la oportunidad de seguir con convicción una meta es real; sin embargo, he llegado a un punto donde siento que vivo del aire, donde siento que me he limitado a vivir necesitando lo mínimo y así sentir que sí voy saliendo adelante, cuando la realidad es que la distancia que he recorrido se aproxima a cero.

Claro que he ganado experiencia, claro que he vivido muchísima satisfacción de hacer lo que hago y de la manera en que lo hago, en verdad han habido días donde siento que irradio luz por los poros de ser la persona más afortunada sobre la faz de la tierra; pero ¿y mis otras metas por cumplir?

Si bien tengo algunos días felices, no puedo obviar el hecho de ser un hombre de 25 años sin seguro social, sin cotizar para una pensión y sin siquiera poder comprometerme a pagar $100 mensuales para Crossfit, porque no tengo un ingreso fijo. Y si todos hemos escuchado ese discurso motivacional de que el dinero no compra la felicidad y que no son los objetos que compramos los que nos llenan, sino las experiencias que compartimos y las sensaciones que vivimos; pero también el no tener un ingreso me recorta esas experiencias que podría estar viviendo y ahora se me imposibilitan.

¿Que si tenía una respuesta a cuanto tiempo debe una persona perseguir un sueño? Por supuesto que no. La respuesta no existe, porque todos los sueños son diferentes, y cada persona tendrá un camino distinto para conseguirlos. ¿Que si ya tengo una respuesta sobre si continuar con tenacidad perseverando por mi sueño personal? Mucho menos, por ahora me encuentro en uno de esos días donde veo el vaso medio vacío.

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Una sonrisa de oreja a oreja

A lo largo de la vida, libramos muchísimas batallas. Hay batallas personales que se lloran, ya sea de haberlas perdido o por haberlas ganado.

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Siempre me han admirado esas personas (tanto hombres como mujeres), que al verles su contextura, sus cuerpos se ven tan tonificados que dan esa apariencia como que la ropa que aprieta no puede encajarse dentro de la carne, por decirlo de alguna manera. Cuando uno no está tonificado, las cosas con elástico y/o apretadas son su peor enemigo: se meten dentro de los rollitos o aprietan y sacan eso que llamamos “muffin top”, y esa ha sido la historia de mi vida desde que tengo memoria.

Hoy, mientras preparaba el almuerzo luego de venir de entrenar, estaba frente a un espejo y de repente me doy cuenta que me duelen los hombros del entrenamiento, cruzo la mano a masajear un poco el hombro ¡Y vaya sorpresa!. Aquel músculo tenso y tonificado se sentía como yo había imaginado todos aquellos cuerpos que veía en tumblr y con los que solo podía fantasear. En ese momento se desvaneció cualquier dolor de hombro o el cansancio post-entrenamiento, invadiéndome una ola de felicidad que me recorría el cuerpo de arriba a abajo: Si, es cierto, mi cuerpo no es uno de esos que vemos en redes sociales con cientos de miles de likes ni está cercano a estarlo, pero finalmente para mi fue palpable el progreso que con tanto esfuerzo en los últimos meses he ido alcanzando.

Al final de cuentas, uno se da cuenta que todas las dietas y todos los ejercicios a los que nos sometemos, no son para vernos mejor que aquel modelo de Instagram o para tener brazos más grandes que el chico con musculatura más grande que vemos en el gimnasio: Se vuelve una competencia estrictamente para vernos mejor que la fotografía de hace 6 meses, de hace 1 año. Es ese sentir de progresar con como nos vemos a nosotros mismos, y eso naturalmente se refleja en como nos ven los demás.

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Dejarse llevar.

Yo creo que todos tenemos como un “Default mode” para funcionar cotidianamente. Ciertamente hay decisiones que en algún modo “automatizamos” el como reaccionamos (o dejamos de hacerlo), y es justamente cuando rompemos esta manera automática de actuar que descubrimos nuevos espacios o sensaciones que no habíamos experimentado antes.

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Hace bastante poco empecé a hablar con un chico encantador, y pues hoy estuve tentado a esforzarme por hacer un gesto por él bastante significativo. Por supuesto, mi parte automática racional me dijo: No Diego, no seas intenso, apenas vas conociéndolo y se puede espantar de vos si te pones tan intenso desde los primeros días de ir hablando y conociéndose. No lo hagas. No lo hagas por alguien que ni siquiera conoces ni te conoce.

Pero también existe esa contra-parte de lo que uno realmente siente que quiere/debe hacer. Esa parte que me decía: Si ese detalle que vas a hacer por él, alguien lo hiciera por mi, yo me muero de la emoción (por no decir “amor”, porque para eso sí es demasiado pronto de mencionar). Claro, mi cabeza forcejeaba entre la ilusión que me generaría recibir un gesto como el que yo estaba pensando darle, y mi razón diciéndome que estaba un tanto fuera de lugar.

Despues de la disputa mental y el consejo de mi mejor amigo, eramos Rihanna sonando de fondo y yo, de camino a llevar todo el plan en acción.

Después de la sorpresa (¡que tampoco fue una serenata! No era nada tan exagerado) pues solo venía manejando de vuelta, recibiendo mensajes de aquel chico que no terminaba de agradecer el gesto. Inclusive me confesó que no esperaba algo así de mi, al menos no hoy (que justo ayer tuvimos la primera cita), pero que realmente se alegraba que me hubiese animado a hacerlo, ¡Y que alegría!

Venía de vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja, y lo más importante: ese sentimiento de satisfacción de hacer algo por alguien más, que al menos yo particularmente no experimento muy frecuente (Ya sé, ya sé, siempre pensando en mi primero…). Fue entonces que me di cuenta: La vida es solo una y las mejores experiencias y los mejores recuerdos solo se forjan cuando uno se atreve a saltar. Saltar fuera del confort de lo cotidiano, ir más allá de lo esperado, atreverse a seguir el instinto en vez de la razón.

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Mi experiencia en Grindr

  
*Fotografía tomada de tumblr*

No fue sino después de un forcejeo conmigo mismo, que hace unas semanas (1 mes, mas o menos) me decidí a descargar Grindr y darle oportunidad a dicha plataforma que da tanto de que hablar.

Si bien siempre me había rehusado a la idea de las “dating apps”, bien he encontrado que su uso es más popular del que yo esperaba: caras conocidas seguían apareciendo en mi grid, una tras otra.

Nunca había creído tener la habilidad de “ligar” con un chico por dichas redes sociales: no me considero particularmente guapo, no tengo el pene más enorme para enviar de entrada con un saludo y además mis intereses son bastante limitados como para compartir una conversación interesante con cualquier ser humano que no sea de algún circulo social al que pertenezco.

Me di a la tarea de entrar en Grindr a diario (si, ya sé que parece demasiado) y fue entonces que descubrí varias cosas que puedo citar a continuación:

1. Aún no siendo el más guapo o el mejor dotado de todo el grid, se puede ligar en Grindr. Claro que posiblemente no con el chico de ojos verdes rubio de 1.82m que tiene foto con su hermosa cara de facciones europeas y un 8-pack (porque ya 6 abdominales no parecen ser suficientes). Siempre habrá quien escriba. Siempre habrá quien te envíe sus fotos.

2. No todos son esas “hienas” hambrientas de sexo. De hecho, tuve un par de conversaciones con chicos que fueron super dulces, y nunca ni siquiera vino el tema del sexo a colación. Algunas veces la gente solo necesita alguien que lo escuche, y pues cada quien utiliza el medio que le parezca.

3. Hay que estar preparado para todo lo que hay que leer. La discriminación en su más y mejor: “no locas”, “no gordos”, “solo hombres fit” y cuanta restricción se pueda imaginar, existe en el perfil de alguien en Grindr. Es tanto, que lo siento bastante deshumanizante: queremos lo que queremos, lo que encaje en nuestro gusto es bienvenido y lo que no sea estrictamente eso, es desechado. Desechado, como si fuese basura, escombros. Se pierde esa noción de ser seres humanos tratando con seres humanos.

4. Los avatares engañosos pasan. 

5. Habrá chicos con los que quieras salir en lugar de acordar solo sexo casual, pero posiblemente ellos no acepten porque ellos solo quieren sexo casual. Y está bien.

Al final de la experiencia, lo más importante que me di cuenta fue una sola cosa: siempre tuve razón, Grindr no era para mi. Algunas veces me pensé fuera de lugar por no usar Grindr o Tinder, porque realmente son nuevos medios que nos permite la tecnología para conocer gente, pero hay que tener algo claro: debemos tomar solo aquello de nos parezca convieniente y se aferre a nuestros valores y dejar ir el resto, dentro de la infinidad de posibilidades que se nos presentan hoy en día.

  
También descubrí que concretar una cita para tener solo sexo casual: invertí horas y horas de tiempo chateando con personas, compartiendo fotos y refrescando el grid: después de 1 mes solo conocí 1 chico sacado de Grindr, y la experiencia resultó fatídica.

No digo que no vaya a funcionar para nadie, creo que todo depende también de lo que se busque: yo estoy en un punto de la vida donde prefiero invertir ese tiempo en una sola persona para eventualmente tener una relación y acostarnos a ver películas un viernes por la noche. Ya yo busco una relación, no sexo de una noche; y si bien nunca tuve ese periodo de buscar sexo de una noche, creo que lo puedo pasar por alto porque como dijimos antes: eso tampoco es para mi.

Pues al final de cuentas ayer cerré la cuenta y borré el app del telefono, que ya despues de haber vivido la experiencia puedo decir qe en Grindr no voy a encontrar lo que busco