Me equivoqué.

Si analizo un poco la manera en la que veía la vida (en realidad aún la veo así un poco), creo que estuve un tanto equivocado.

Yo siempre soné con que las personas fuesen audaces, que no les importase la opinión de los demás, que fueran arrolladoras y brutalmente determinadas en la vida. Me inspiraba la idea de una persona fuerte, y por fuerte me refiero a alguien que no se deja influenciar por nadie dado que mantiene su convicción de principio a fin.

-Femme Fatale por Patrick Demarchelier para Vogue Alemania.-

No digo que no me inspira la idea de alguien así, digo, después de todo esa es la persona que siempre aspiré ser. Sin embargo, en mi intento por ser esa persona me he topado con la constante retroalimentación de que al parecer todo el mundo me considera “muy grosero” y es entonces como tal vez esto me ha puesto en perspectiva a analizar un poco el asunto.

Sí, las personas audaces, astutas, inteligentes, que se mueven rápido por la vida son personas fascinantes, aplastantes, vibrantes; sin embargo, ahora pienso que más allá de ser acelerado, hay que ser inteligente emocionalmente. 

¿A que me refiero con esto? Bueno, tal vez hay que saber leer un poco a las personas para también saber como manejarse con cada quien. No hay debilidad en ser flexible, en comprometerse a llegar a un punto medio en alguna decisión, en ceder de vez en cuando así eso signifique estar fuera de la zona de confort. Todo esto no son síntomas de alguien débil, que se deja pisotear, sino mas bien de alguien inteligente que sabe negociar, que sabe ganarse a la gente.


No digo que a partir de ahora vaya a ser una persona nueva que ve el mundo con otros ojos y que he cambiado mi manera de ser de manera absoluta y radical, pero ahora creo que puedo poner como meta tener más tacto con las personas y no ser tan volatil al reaccionar, que al fin y al cabo estas actitudes se pueden manejar poco a poco con algo de práctica siempre y cuando se esté dispuesto, y creo estarlo.