Mcqueenlancholic.

A veces me parece tan extraño como puede haber un completo desconocido que me estremezca por completo los sentidos.  Si, vos, a quien dedico el título de este blog, veo tus fotos y te pregunto una y otra vez: ¿Como carajos lo hiciste? ¿Como lograste todo en la vida? Y en una vida tan corta, a decir verdad.

Leer sobre Alexander Mcqueen y sus excentricidades me hace sentir dentro de todo, un tanto comprendido pero sobre todo muy melancólico. Siento nostalgia de pensar que ya no está aquí, pero siento más melancolía porque me hace reflexionar sobre mi mismo, sobre mi norte, sobre mis sueños, mis metas, de donde vengo y hacia donde voy.

Leo como te pusiste de contento esa vez que pudiste comprar sillas más altas para alcanzar las mesas de patronaje con tu contrato en Givenchy y se me estremece el corazón de contentera, pero simultaneamente no puedo evitar y preguntarme a mi mismo: ¿y vos, cuando vas a comprar sillas altas para tu mesa?, ¿cuando vas a tener tu espacio taller/tienda y tu equipo de trabajo?

La historia de Mcqueen es un relato casi heróico, y yo de repente quiero escuchar de su lucha, de su contienda para alcanzar todo lo que logró. Me hace doler el corazón leer tantos relatos, tantas anécdotas que ahora viven para siempre en las páginas de libros, pero que se acabaron por un suicidio que jamás debió suceder.

Tal vez este post no tiene un fin, es solo la nostalgia que traigo arraigada de leer, de analizar, de examinar este libro de Savage Beauty que conseguí en la biblioteca. Tal vez yo no tengo una solución a mi vida profesional y lo curioso es que mi labor como diseñador es precisamente esa, solucionar. Pero Mcqueen tampoco supo lidiar con la muerte de su madre, y  la muerte siempre fue un tema recurrente en sus colecciones.