Dejarse llevar.

Yo creo que todos tenemos como un “Default mode” para funcionar cotidianamente. Ciertamente hay decisiones que en algún modo “automatizamos” el como reaccionamos (o dejamos de hacerlo), y es justamente cuando rompemos esta manera automática de actuar que descubrimos nuevos espacios o sensaciones que no habíamos experimentado antes.

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Hace bastante poco empecé a hablar con un chico encantador, y pues hoy estuve tentado a esforzarme por hacer un gesto por él bastante significativo. Por supuesto, mi parte automática racional me dijo: No Diego, no seas intenso, apenas vas conociéndolo y se puede espantar de vos si te pones tan intenso desde los primeros días de ir hablando y conociéndose. No lo hagas. No lo hagas por alguien que ni siquiera conoces ni te conoce.

Pero también existe esa contra-parte de lo que uno realmente siente que quiere/debe hacer. Esa parte que me decía: Si ese detalle que vas a hacer por él, alguien lo hiciera por mi, yo me muero de la emoción (por no decir “amor”, porque para eso sí es demasiado pronto de mencionar). Claro, mi cabeza forcejeaba entre la ilusión que me generaría recibir un gesto como el que yo estaba pensando darle, y mi razón diciéndome que estaba un tanto fuera de lugar.

Despues de la disputa mental y el consejo de mi mejor amigo, eramos Rihanna sonando de fondo y yo, de camino a llevar todo el plan en acción.

Después de la sorpresa (¡que tampoco fue una serenata! No era nada tan exagerado) pues solo venía manejando de vuelta, recibiendo mensajes de aquel chico que no terminaba de agradecer el gesto. Inclusive me confesó que no esperaba algo así de mi, al menos no hoy (que justo ayer tuvimos la primera cita), pero que realmente se alegraba que me hubiese animado a hacerlo, ¡Y que alegría!

Venía de vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja, y lo más importante: ese sentimiento de satisfacción de hacer algo por alguien más, que al menos yo particularmente no experimento muy frecuente (Ya sé, ya sé, siempre pensando en mi primero…). Fue entonces que me di cuenta: La vida es solo una y las mejores experiencias y los mejores recuerdos solo se forjan cuando uno se atreve a saltar. Saltar fuera del confort de lo cotidiano, ir más allá de lo esperado, atreverse a seguir el instinto en vez de la razón.

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