El tiempo de los sueños.

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Todos hemos escuchado que los sueños no tiene fecha de vencimiento, pero que pasa con esos sueños con los cuales vemos pasar y pasar el tiempo, y parecen no aproximarse ni un poco, ¿Debemos seguir perseverando ciegamente?, ¿debemos continuar la persecución sin importar las circunstancias?

Yo creo fielmente que conforme el tiempo pasa todo va cambiando, y con ello los sueños; pero entonces esto no es abandonar un sueño, sino verlo transformarse en algo nuevo,  ó dejarlos ir por perseguir otros más grandes; pero ¿y que si ese sueño es ya tan grande que no varía con el pasar del tiempo? , ¿Hasta cuando es perseverancia y cuando terquedad?

Yo personalmente me considero una persona perseverante, con convicción sobre lo que me apasiona y bastante determinado a darlo todo por aquellas metas en las que creo desde el fondo de mi ser, pero he llegado a un punto donde ya no sé si estoy persiguiendo este ambicioso sueño de ser diseñador de modas por majadería o porque de verdad quiero sentir que persevero.

Si tuviese que describir todas las muestras de apoyo que he recibido, no terminaría nunca. Motivación nunca me ha faltado, y tengo la fortuna de siempre estar rodeado de personas que quieren impulsarme al infinito, gente que apoya mi talento y me recuerda a cada oportunidad la destreza que tengo en lo que hago. Por mi, y por todas esas personas que de una u otra manera han creído en mí y en mi trabajo es que no quiero desfallecer. Quiero demostrar que es posible, que la oportunidad de seguir con convicción una meta es real; sin embargo, he llegado a un punto donde siento que vivo del aire, donde siento que me he limitado a vivir necesitando lo mínimo y así sentir que sí voy saliendo adelante, cuando la realidad es que la distancia que he recorrido se aproxima a cero.

Claro que he ganado experiencia, claro que he vivido muchísima satisfacción de hacer lo que hago y de la manera en que lo hago, en verdad han habido días donde siento que irradio luz por los poros de ser la persona más afortunada sobre la faz de la tierra; pero ¿y mis otras metas por cumplir?

Si bien tengo algunos días felices, no puedo obviar el hecho de ser un hombre de 25 años sin seguro social, sin cotizar para una pensión y sin siquiera poder comprometerme a pagar $100 mensuales para Crossfit, porque no tengo un ingreso fijo. Y si todos hemos escuchado ese discurso motivacional de que el dinero no compra la felicidad y que no son los objetos que compramos los que nos llenan, sino las experiencias que compartimos y las sensaciones que vivimos; pero también el no tener un ingreso me recorta esas experiencias que podría estar viviendo y ahora se me imposibilitan.

¿Que si tenía una respuesta a cuanto tiempo debe una persona perseguir un sueño? Por supuesto que no. La respuesta no existe, porque todos los sueños son diferentes, y cada persona tendrá un camino distinto para conseguirlos. ¿Que si ya tengo una respuesta sobre si continuar con tenacidad perseverando por mi sueño personal? Mucho menos, por ahora me encuentro en uno de esos días donde veo el vaso medio vacío.

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Una sonrisa de oreja a oreja

A lo largo de la vida, libramos muchísimas batallas. Hay batallas personales que se lloran, ya sea de haberlas perdido o por haberlas ganado.

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Siempre me han admirado esas personas (tanto hombres como mujeres), que al verles su contextura, sus cuerpos se ven tan tonificados que dan esa apariencia como que la ropa que aprieta no puede encajarse dentro de la carne, por decirlo de alguna manera. Cuando uno no está tonificado, las cosas con elástico y/o apretadas son su peor enemigo: se meten dentro de los rollitos o aprietan y sacan eso que llamamos “muffin top”, y esa ha sido la historia de mi vida desde que tengo memoria.

Hoy, mientras preparaba el almuerzo luego de venir de entrenar, estaba frente a un espejo y de repente me doy cuenta que me duelen los hombros del entrenamiento, cruzo la mano a masajear un poco el hombro ¡Y vaya sorpresa!. Aquel músculo tenso y tonificado se sentía como yo había imaginado todos aquellos cuerpos que veía en tumblr y con los que solo podía fantasear. En ese momento se desvaneció cualquier dolor de hombro o el cansancio post-entrenamiento, invadiéndome una ola de felicidad que me recorría el cuerpo de arriba a abajo: Si, es cierto, mi cuerpo no es uno de esos que vemos en redes sociales con cientos de miles de likes ni está cercano a estarlo, pero finalmente para mi fue palpable el progreso que con tanto esfuerzo en los últimos meses he ido alcanzando.

Al final de cuentas, uno se da cuenta que todas las dietas y todos los ejercicios a los que nos sometemos, no son para vernos mejor que aquel modelo de Instagram o para tener brazos más grandes que el chico con musculatura más grande que vemos en el gimnasio: Se vuelve una competencia estrictamente para vernos mejor que la fotografía de hace 6 meses, de hace 1 año. Es ese sentir de progresar con como nos vemos a nosotros mismos, y eso naturalmente se refleja en como nos ven los demás.

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Dejarse llevar.

Yo creo que todos tenemos como un “Default mode” para funcionar cotidianamente. Ciertamente hay decisiones que en algún modo “automatizamos” el como reaccionamos (o dejamos de hacerlo), y es justamente cuando rompemos esta manera automática de actuar que descubrimos nuevos espacios o sensaciones que no habíamos experimentado antes.

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Hace bastante poco empecé a hablar con un chico encantador, y pues hoy estuve tentado a esforzarme por hacer un gesto por él bastante significativo. Por supuesto, mi parte automática racional me dijo: No Diego, no seas intenso, apenas vas conociéndolo y se puede espantar de vos si te pones tan intenso desde los primeros días de ir hablando y conociéndose. No lo hagas. No lo hagas por alguien que ni siquiera conoces ni te conoce.

Pero también existe esa contra-parte de lo que uno realmente siente que quiere/debe hacer. Esa parte que me decía: Si ese detalle que vas a hacer por él, alguien lo hiciera por mi, yo me muero de la emoción (por no decir “amor”, porque para eso sí es demasiado pronto de mencionar). Claro, mi cabeza forcejeaba entre la ilusión que me generaría recibir un gesto como el que yo estaba pensando darle, y mi razón diciéndome que estaba un tanto fuera de lugar.

Despues de la disputa mental y el consejo de mi mejor amigo, eramos Rihanna sonando de fondo y yo, de camino a llevar todo el plan en acción.

Después de la sorpresa (¡que tampoco fue una serenata! No era nada tan exagerado) pues solo venía manejando de vuelta, recibiendo mensajes de aquel chico que no terminaba de agradecer el gesto. Inclusive me confesó que no esperaba algo así de mi, al menos no hoy (que justo ayer tuvimos la primera cita), pero que realmente se alegraba que me hubiese animado a hacerlo, ¡Y que alegría!

Venía de vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja, y lo más importante: ese sentimiento de satisfacción de hacer algo por alguien más, que al menos yo particularmente no experimento muy frecuente (Ya sé, ya sé, siempre pensando en mi primero…). Fue entonces que me di cuenta: La vida es solo una y las mejores experiencias y los mejores recuerdos solo se forjan cuando uno se atreve a saltar. Saltar fuera del confort de lo cotidiano, ir más allá de lo esperado, atreverse a seguir el instinto en vez de la razón.

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Mi experiencia en Grindr

  
*Fotografía tomada de tumblr*

No fue sino después de un forcejeo conmigo mismo, que hace unas semanas (1 mes, mas o menos) me decidí a descargar Grindr y darle oportunidad a dicha plataforma que da tanto de que hablar.

Si bien siempre me había rehusado a la idea de las “dating apps”, bien he encontrado que su uso es más popular del que yo esperaba: caras conocidas seguían apareciendo en mi grid, una tras otra.

Nunca había creído tener la habilidad de “ligar” con un chico por dichas redes sociales: no me considero particularmente guapo, no tengo el pene más enorme para enviar de entrada con un saludo y además mis intereses son bastante limitados como para compartir una conversación interesante con cualquier ser humano que no sea de algún circulo social al que pertenezco.

Me di a la tarea de entrar en Grindr a diario (si, ya sé que parece demasiado) y fue entonces que descubrí varias cosas que puedo citar a continuación:

1. Aún no siendo el más guapo o el mejor dotado de todo el grid, se puede ligar en Grindr. Claro que posiblemente no con el chico de ojos verdes rubio de 1.82m que tiene foto con su hermosa cara de facciones europeas y un 8-pack (porque ya 6 abdominales no parecen ser suficientes). Siempre habrá quien escriba. Siempre habrá quien te envíe sus fotos.

2. No todos son esas “hienas” hambrientas de sexo. De hecho, tuve un par de conversaciones con chicos que fueron super dulces, y nunca ni siquiera vino el tema del sexo a colación. Algunas veces la gente solo necesita alguien que lo escuche, y pues cada quien utiliza el medio que le parezca.

3. Hay que estar preparado para todo lo que hay que leer. La discriminación en su más y mejor: “no locas”, “no gordos”, “solo hombres fit” y cuanta restricción se pueda imaginar, existe en el perfil de alguien en Grindr. Es tanto, que lo siento bastante deshumanizante: queremos lo que queremos, lo que encaje en nuestro gusto es bienvenido y lo que no sea estrictamente eso, es desechado. Desechado, como si fuese basura, escombros. Se pierde esa noción de ser seres humanos tratando con seres humanos.

4. Los avatares engañosos pasan. 

5. Habrá chicos con los que quieras salir en lugar de acordar solo sexo casual, pero posiblemente ellos no acepten porque ellos solo quieren sexo casual. Y está bien.

Al final de la experiencia, lo más importante que me di cuenta fue una sola cosa: siempre tuve razón, Grindr no era para mi. Algunas veces me pensé fuera de lugar por no usar Grindr o Tinder, porque realmente son nuevos medios que nos permite la tecnología para conocer gente, pero hay que tener algo claro: debemos tomar solo aquello de nos parezca convieniente y se aferre a nuestros valores y dejar ir el resto, dentro de la infinidad de posibilidades que se nos presentan hoy en día.

  
También descubrí que concretar una cita para tener solo sexo casual: invertí horas y horas de tiempo chateando con personas, compartiendo fotos y refrescando el grid: después de 1 mes solo conocí 1 chico sacado de Grindr, y la experiencia resultó fatídica.

No digo que no vaya a funcionar para nadie, creo que todo depende también de lo que se busque: yo estoy en un punto de la vida donde prefiero invertir ese tiempo en una sola persona para eventualmente tener una relación y acostarnos a ver películas un viernes por la noche. Ya yo busco una relación, no sexo de una noche; y si bien nunca tuve ese periodo de buscar sexo de una noche, creo que lo puedo pasar por alto porque como dijimos antes: eso tampoco es para mi.

Pues al final de cuentas ayer cerré la cuenta y borré el app del telefono, que ya despues de haber vivido la experiencia puedo decir qe en Grindr no voy a encontrar lo que busco